sábado, 18 de abril de 2009

El Gran Amor ( Die große Liebe ) ( 1942 )



Producción del III Reich dirigida por Rolf Hansen.
En los filmes ficcionales nazis se asiste siempre al mismo mecanismo del cine histórico de Imagen y acción hollywoodense: una historia personal, particular, individual, que se desarrolla delante de un marco histórico preciso.
Pero luego, como lo privado y lo público, lo individual y lo general, el ciudadano y la ciudad, se revelan también como una única cosa, el amor que mezquinamente puede nacer en una pareja, por ejemplo, se transfiere y extiende luego a la Patria.

Al comienzo de “El gran amor” Hanna y Paul se conocen en Berlín, en un teatro donde ella lleva adelante su carrera de cantante. Él es un fogueado aviador de la Luftwaffe que tiene un día y una noche de franco antes de regresar a su base en África del Norte.
El tiempo apremia y no hay espacio para preámbulos. La pareja se enamora de inmediato. Pero al día siguiente él parte hacia el frente.
Ella queda sola con su nuevo estado de enamoramiento.

Así, casi toda la película se centra en el proceso de aprendizaje de ella, con respecto a cómo hacer compatible o incluso relegar su carrera y amor personal frente al cumplimiento del deber nacional.

Es interesante acotar el hecho de que buena parte de la producción nazi está claramente dirigida hacia el adoctrinamiento femenino. Los hombres estaban en el frente, las mujeres no tenían un lugar de importancia dentro del ejército nacionalsocialista, pero debían cubrir las labores domésticas.
Al comienzo de la película Hanna es una cantante frívola que, como si viviera en un país sin guerra, canta en el mencionado teatro la canción “Mi vida por el amor”.

Después del enamoramiento y la separación de Paul, ella va cayendo lentamente en la cuenta de todas las restricciones que deben soportar los ciudadanos en tiempos de guerra.

Las privaciones, el racionamiento, la escasez de comida, el temor a los bombardeos, etc., todo aquello que formaba parte de la vida cotidiana de la población durante la contienda, no es ocultado durante el filme. Por el contrario, todo aparece. Pero todas las relaciones causales son invertidas y “naturalizadas”.

Ir a un refugio antibombas es, al fin de cuentas, una alegre excusa para conocer nuevos amigos.

El racionamiento enseña que no se debe despreciar la comida en épocas de abundancia: ““¡Quien no cuida el pan, no merece manjares!”, dice alguien, como acertado y sabio criterio de vida y supervivencia. Tampoco el café ya se consigue del todo, “¡es que estamos en guerra!”.

Y en la propia guerra, todas las cosas parecieran transcurrir como en un campamento de boy- scouts [escena en un campo de aviación de África] o en un veraneo [referencia a una escena de baño en el mar Atlántico]; hasta el hospital de campaña ofrece amable aspecto de un lugar de reposo en los Alpes”.
Nada se niega, todo es mostrado…parcialmente y resignificado.

Finalmente, después de varios encuentros y desencuentros, después de escuchar en la radio el discurso de Hitler del 22 de junio de 1941 donde anuncia la invasión de la U.R.S.S. (la Historia como fondo de la historia de amor), Hanna se reencontrará con Paul, en el referido sanatorio de las montañas, donde él se recupera de sus heridas, y finalmente ella comprende cuál es su lugar y acepta la proposición matrimonial de Paul, dando por hecho que va a abandonar su carrera.

Sin calificar.

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