domingo, 13 de febrero de 2011

La Cruz de Lorena ( The Cross of Lorraine ) ( 1943 )

Producción estadounidense dirigida por Tay Garnett


De cualquier aficionado debe conocida la considerable apuesta cinematográfica que el cine norteamericano puso a disposición de la concienciación de la población de su país denunciando los estragos del nazismo, apostando por difundir sus atroces métodos y objetivos, y ensalzando la capacidad de resistencia de los diferentes países a la hora de luchar y contrarrestar sus efectos. Muchos fueron los títulos realizados a este respecto en el conjunto de los grandes estudios hollywoodienses. Una faceta que abordó prácticamente todos los géneros, pero que tuvo en el contexto del cine bélico uno de sus exponentes más adecuados, expresándose con películas de muy diversas cualidades tanto en su alcance combativo, como en sus intrínsecas virtudes. El conjunto de la producción antinazi cierto es que albergó una serie de títulos memorables, pero no es menos constatable que permitió otras aportaciones de menor entidad, en líneas generales definidas por la honestidad de sus planteamientos, su eficacia como productos de acción, y también por cierto esquematismo en la definición de sus propuestas. Uno de esos ejemplos, podría representarlo a la perfección THE CROSS OF LORRAINE (1943, Tay Garnett), de la cual es fácil deducir por que no se estrenó en España en su exhibición comercial –a su carácter combativo, cabe añadir la presencia de un combatiente republicano que interpreta con gran eficacia Joseph Caleia-.

THE CROSS… relata la aventura vital de un grupo de ciudadanos franceses hechos presos por las autoridades nazis ocupantes en territorio galo. Son llevados en tren hasta una prisión militar, donde conocerán las dificultades, el hacinamiento y las presiones que sobrellevan en su privacidad de libertad. En la misma, uno de los presos, el más inclinado a colaborar con los nazis –Duval (Hume Cronyn)-, se convertirá en ayudante de los alemanes, granjeándose con ello la enemistad de sus compañeros. Dentro de este contexto, la dureza de la vida en prisión llevará a la muerte de algunos de los compañeros, entre los que destacará el padre Sebastián (Cedric Hardwicke). Los franceses, por su parte, responderán a las traiciones formuladas por Duval, llevándolo a una muerte segura, lo que forzará a las autoridades nazis a fusilar a diez de los presos de la instalación. La ausencia de Duval permitirá al responsable de la prisión adoptar a Paul (Jean-Pierre Aumont) –que también tiene conocimientos de alemán-, como nuevo ayudante, lo que automáticamente le granjeará la enemistad de sus camaradas, en especial el muy combativo Victor (Gene Kelly), que ha sufrido atroces torturas. Sin embargo, lo que ellos no conocen es que el joven francés planea secretamente la fuga de todos sus compañeros, utilizando para ello la aparente buena disposición que mantiene con los alemanes. La ocasión llegará cuando sepa que estos tienen la intención de liberar a ciento cincuenta presos como gesto amistoso, cuestión que aprovechará para preparar la documentación necesaria que permita a sus amigos a traspasar la frontera de su país. El plan finalmente resulta un éxito –no sin sufrir diversas incidencias imprevistas-, integrándose todos ellos como elementos de la resistencia, y reuniéndose en una pequeña localidad de la campiña francesa, donde finalmente lograrán arengar a sus habitantes en contra de los invasores nazis que postulan por la incorporación de voluntarios. Una cruel refriega servirá como detonante para que todos los vecinos adquieran la necesaria constancia de la necesidad de su lucha activa en contra de la invasión nazi.

Que duda cabe que el planteamiento de THE CROSS… responde, casi punto por punto, a la inmediatez del planteamiento propagandístico. Es una evidencia que en una situación como esta, puede con una lejana distancia, ofrezca a la película una serie de limitaciones y esquematismo. Resulta innegable apuntar que en otras ocasiones bases dramáticas como la presente, lograron ser expuestas dentro de planteamientos y resultados de mayor complejidad cinematográfica. Pero, haciendo salvedad de esta reseñable circunstancia, lo cierto es que el film de Garnett podría quedar integrado en ese conjunto de productos estimables, relativamente atractivos dentro de sus capacidades como propuestas de género, como podrían ser HITLER’S CHILDREN (1943, Edward Dmytryk), THE FALLEN SPARROW (1943, Richard Wallace) o la misma FIVE GRAVES TO CAIRO (Cinco tumbas a El Cairo, 1943. Billy Wilder) –todas ellas rodadas el mismo año que el título que nos ocupa-. Exponentes eficaces de cine bélico, intriga o incluso aventuras, en las que su relativo corto alcance no impide la sensación de asistir a un conjunto cocinado con notable profesionalidad. Es el caso del título que nos ocupa, rodado por un Tay Garnett en aquellos momentos en buen momento de su andadura –acababa de firmar BATAAN (1943) y a punto estaba de llevar a la pantalla el título más reconocido de su filmografía –THE POSTMAN ALWAYS RINGS TWICE (El cartero siempre llama dos veces, 1946)-. La destreza narrativa del norteamericano se hace presente en el conjunto del metraje. En la agilidad con que logra describir la fauna humana que va a acompañarnos durante toda la función –algo en lo que tiene bastante que ver la aportación del guión, en donde intervendrá el posterior blackisted Ring Lardner Jr.-, mediante al apropiado uso de la voz en off, en la capacidad que muestra para la incorporación de detalles –esas muescas que van describiendo el tiempo que los presos sobrellevan en el pabellón-, o en la fisicidad que se muestra en los momentos más tensos. Es precisamente en esta vertiente donde, a mi juicio, se alcanzan los instantes más valiosos del relato; desde la pelea que se muestra en los exteriores cuando la ausencia de comida provoca recelos entre los propios compañeros, hasta los instantes en los que Duval es hecho preso por sus camaradas –secuencia en la que la elipsis añade un elemento amenazados suplementario-, pasando por la crueldad que se manifiesta en la tortura que Victor sufre de manos del sádico sargento Berger (un Peter Lorre sorprendentemente comedido), quién posteriormente será el protagonista de otro momento de insólita crueldad en el cine de aquellos días, al ser rematado por un estilete en el cuello cuando Paul huye ya traspasada la frontera de su país, tirando su cadáver a la carretera mientras huye de la persecución de unos motoristas nazis. Sin embargo, por encima de estos instantes, hay dos secuencias que destacan en THE CROSS… y que alcanzan una intensidad realmente considerable. La primera de ellas es la muerte del padre Sebastián en el patio de la prisión, cuando de forma disimulada se disponía a celebrar un oficio religioso en memoria de un compañero fusilado –en el recinto está prohibida cualquier ceremonia de estas características-. La segunda tiene lugar en los minutos finales, con la lucha que mantienen los invasores nazis en la pequeña población y los vecinos de esta, a partir de la arenga que Paul les lanza de forma rotunda.

No voy a negar que en otros momentos, el film de Garnett incurre en estereotipos y lugares comunes a este tipo de cine –del que no escaparán por otra parte, títulos posteriores tan populares como THE GREAT ESCAPE (La gran evasión, 1963. John Sturges)-, que ciertos elementos se me antojan algo apresurados –el escaso metraje que muestra el plan de huída ingeniado por Paul-, o ciertos detalles humorísticos desentonan en el conjunto –la incidencia de esos viajes de contrabando propiciados por un mando de la prisión para comprar ropa a su esposa-, por más que en su conjunto resulten eficaces para la evolución del relato. Pese a ello, y a su alcance méramente coyuntural, THE CROSS OF LORRAINE supone un producto apreciable y honesto, que muestra como incluso la tan conservadora Metro Goldwyn Mayer se sumó a esta política de denuncia al nazismo, a través de su producción cinematográfica destinada al público norteamericano.


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